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Corriendo la carrera

Si alguna vez has visto a un atleta de alto rendimiento prepararse para una carrera sabrás que su estilo de vida no es común. Día a día toma ciertos cuidados, en su alimentación como en su salud. Por lo general lleva dietas específicas, se duerme temprano y muchas veces no puede salir a divertirse por estar entrenando y preparándose para la carrera.

La vida cristiana es una carrera que corremos día con día, una batalla que tenemos que pelear. Hebreos 12 nos dice cómo debemos correr esa carrera:

1) Despojándonos de todo peso y del pecado que nos acedia. La palabra despojarse se refiere a quitar, dejar algo por nuestra propia voluntad. Imagínate si en una carrera vieras a un hombre cargando dos mochilas llenas de bloques de concreto, ¡sería absurdo!, haría la carrera más cansada y difícil, podría incluso tropezarse y caer. Lo mismo sucede en nuestro caminar con Cristo.

Ahora, ¿ a qué se refiere con “peso”? es todo aquello que estorbe, que te jale y sea de impedimento para que puedas caminar cada día con Cristo. Cualquier anhelo, deseo (que aún podría aparentar ser bueno), algún sentimiento, situación, personas, ¡TODO lo que te impida correr la carrera de la fe debes dejarlo! y la realidad es que no es algo fácil porque muchas de las cosas que nos estorban son cosas que amamos y que deseamos incluso más que a Dios, y es una dolorosa realidad con la que debemos enfrentarnos y preguntaros: ¿qué es más valioso? ¿aquel sueño, cosa o persona que amo y deseo? o Cristo, el Dios todo poderoso que se hizo hombre por amor a nosotros; sus enemigos, y así al morir en la cruz librarnos de su ira y de la eternidad lejos de Él. Realmente sería algo insensato preferir alguna otra cosa que a Dios. 

Pregúntate “¿esto me ayuda a correr la carrera o me estorba y jala impidiéndome correr.”

Veamos ahora a qué se refiere con pecado. Es todo aquello que se rebele contra la voluntad y el carácter de Dios, y también TODO pecado debe ser dejado. Pecados como la mentira, el orgullo, la falta de diligencia, la falta de perdón, el odio, robar, la auto-justicia, el amor a uno mismo y la lista sigue. El pecado es algo serio y es algo que nunca nos va a dejar correr la carrera mientras sigamos cargando con el.  Veámoslo de esta manera:

Tú pecado y mi pecado son la razón de que Cristo tuviera que ir a la cruz, al beber la copa de la ira de Dios y decir “consumado es” y al tercer día resucitar Cristo tuvo la victoria contra el pecado, para que a través de su sangre se abriera un camino hacia el perdón, la libertad de nuestra esclavitud y la restauración de nuestra relación rota con el Padre. No sigas siendo permisivo, quita todo pecado, tráelo a los pies de Jesús para hallar perdón y libertad. 

“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” 1 Juan 1:6-7

2) Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Debemos correr con paciencia, esta palabra nos habla de perseverar, de soportar bajo presión, de constancia, resistir con firmeza con la confiada expectativa de un fin deseado sin importar las circunstancias que puedan venir, las pruebas, sufrimiento o desánimo.

La carrera de la vida cristiana no es fácil, Jesús mismo prometió a sus discípulos que en este mundo tendrían aflicción, vemos la vida de los apóstoles, profetas y muchos otros que fueron perseguidos, encarcelados e incluso perdieron la vida de maneras violentas. Ir contra la corriente no es fácil y por eso debemos correr con paciencia, afirmando nuestros corazones día tras día en la esperanza gloriosa que tenemos. 

“Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” Santiago 5:8

“Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren.” Santiago 5:10-11a

3) Puestos los ojos en Jesús. Cristo es nuestro ejemplo y nuestra esperanza en esta carrera, estar con él por la eternidad es nuestra meta. Nuestros ojos deben permanecer en todo momento en él, sino la carrera no tendrá sentido, será cansada y desviarnos del camino será sencillo. 

Jesús es nuestro perfecto ejemplo de como correr la carrera. Jesús no corrió la carrera viendo las cosas terrenales ni el sufrimiento, sino que mantuvo sus ojos en el gozo puesto delante de él, la esperanza, el fruto que daría su dolor y por eso pudo menospreciar el sufrimiento e ir a la cruz para al final tener la hermosa recompensa: la victoria contra el pecado. Él es nuestro ejemplo y nuestro ayudador a través del Espíritu Santo.

Ver y considerar el sufrimiento de Cristo nos hace mantenernos en la carrera y que nuestro ánimo no se canse a pesar de las dificultades que puedan venir. No mires las cosas de este mundo, mira a Cristo y lo eterno. No corras en tus propias fuerzas, sino en y con el Espíritu de Dios. Recuerda que no es cómo comienzas sino cómo terminas la carrera. 

 

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About Sophia Juárez

Hola, si estas leyendo esto quiero que sepas que espero que mientras leas esto y las próximas publicaciones Dios pueda hablar a tu vida y podamos juntos descubrir la verdad de su Palabra y lo que Dios quiere para nuestras vidas.