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No te sigas hundiendo

A veces siento que la vida cristiana cansa, a veces siento que me gustaría tirar la toalla y vivir una vida común. No me mal entiendas, no deseo vivir una vida sin Dios como el mundo la vive, pero si sería más fácil vivir una vida cristiana pasiva, ir a la iglesia los domingos y algún otro día que haya actividades, servir en algún ministerio, orar antes de cada comida, seguir las reglas generales de lo que un cristiano debe hacer (no robar, no decir malas palabras, etc.) y leer mi biblia de vez en cuando, y no tener que preocuparme por morir a mí, tomar mi cruz cada día y seguir a Jesús (Lucas 9:23).

Sería más fácil, ¿no?


 

Normalmente este pensamiento llega a mi cabeza cuando más me doy cuenta de todo lo malo que hay en mí, de que le he estado fallando al Señor una y otra vez y que por más que trato de no hacerlo no puedo, por más que trato de que Dios sea mi pasión otra vez y de vivir una vida en completa comunión y sumisión a Él, no puedo, no puedo.

¿Qué tengo que hacer?, ¿Cómo puedo volver a ese momento en el que vivía cada día enamorada del Señor?

 Estas preguntas y pensamientos son los que estaban atormentando mi mente hace unos días, y es desesperante, es una confusión enorme. Pero la calma vino cuando el Señor me mostró donde estaba el problema, el problema estaba en la pregunta que me hacía, en el ¿qué tengo que hacer? Y en el ¿cómo puedo? Cuando realmente no tengo que hacer nada y no puedo hacer nada. Es tan fácil para nosotros enfocarnos en lo que podemos hacer para Dios, en tratar en nuestras fuerzas de cambiar, de dejar de hacer cierta cosa o comenzar a hacer otra, en tratar de ser agradables a Él por nuestras obras. El problema está en que nos enfocamos en nosotros mismos y nos desenfocamos de Jesús. Cuán fácil es desenfocarnos de Jesús.

En Mateo14:22-36 vemos como a Pedro le sucede algo similar:

Cuando Pedro enfocó su mirada en las circunstancias y en sí mismo, en la capacidad que él no tenía de poder hacerlo fue cuando comenzó a hundirse en la tormenta, ese fue el problema de Pedro, lo que lo hizo dejar de experimentar y asombrarse del poder de Jesús; enfocarse en sus circunstancias y en lo que él podía o no hacer. Ahí fue cuando comenzó a hundirse, y mientras estaba en su intento fallido por salir de las fuertes aguas, recordó que era absurdo seguir intentando, que él no podría hacerlo, y dio voces diciendo: ¡Señor, Sálvame!, reconoció que él no podía pero que Jesús si, y al instante, inmediatamente Jesús extendió su mano hacia Pedro y lo sacó de las aguas y le dijo:

¡Hombre de poca fe! ¿por qué dudaste? ¿Por qué dudaste de que yo podría hacerte pasar la tormenta?

La fe de Pedro fue movida por su decisión de poner su mirada en lo difícil de las circunstancias y su incapacidad y eso lo llevó a hundirse.

Cuando quitamos nuestra mirada de Jesús, cuando nos enfocamos en nosotros, en lo difícil que la estamos pasando nos comenzamos a hundir espiritualmente, dejamos de experimentar el poder de Jesús en nuestra vida y si no despertamos y nos damos cuenta de que solos no vamos a poder y clamamos a Jesús terminaremos muriendo espiritualmente, pero si clamamos como Pedro clamó: ¡Señor, sálvame! Y ponemos nuestra confianza solo en lo que Jesús es capaz de hacer entonces Jesús nos sacará y salvará.

Jesús sabía que sus discípulos al entrar en la barca y adelantarse se encontrarían con una tormenta, Jesús sabía que Pedro dejaría de confiar y comenzaría a hundirse, ¿por qué permitió entonces todo eso? ¿acaso tenía un propósito al llevarlos al medio de una tormenta? Si, Jesús tenía un propósito y ese propósito lo vemos en el versículo 33 cuando Jesús sube a la barca y al momento la tormenta cesa y viene la calma, los discípulos se asombran en gran manera y se maravillan (Marcos 6:51) vienen y adoran a Jesús diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

El propósito que Jesús tenía para llevarlos a la tormenta era para que ellos pudieran experimentar y ver su poder, para que se dieran cuenta de lo grande que es su Dios, para que se dieran cuenta que verdaderamente Jesús es el Hijo de Dios, el único que puede traer salvación y vida. El propósito por el cual Jesús dejó que Pedro caminara en las aguas en la tormenta fue para que se diera cuenta de que solo no podía, de que necesitaba de Jesús y que solo Jesús podía hacerlo.

No sigas tratando en tus fuerzas, no trates de dejar de fallarle a Dios porque solo te vas a terminar hundiendo, no quites los ojos de Jesús. Vivimos por fe en Jesucristo, somos salvos por pura gracia y no por obras (Efesios 2:8-9). Hay mucho que cambiar en nosotros, pero podemos encontrar descanso en 1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Lo que Dios alumbra, Dios limpia.

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente… Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Salmo 51:9-12, 16-17

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About Sophia Juárez

Hola, si estas leyendo esto quiero que sepas que espero que mientras leas esto y las próximas publicaciones Dios pueda hablar a tu vida y podamos juntos descubrir la verdad de su Palabra y lo que Dios quiere para nuestras vidas.